AZUL MARINO
 
jueves 25|05|2017

Aventuras de un navegado, tres días en Isla Margarita

Texto y fotos: Manolo Bustabad Rapa

En Margarita hay mucho ‘navegado’. Así es como llaman aquí al forastero y está claro que esa especie abunda mucho porque estamos hablando de uno de los destinos turísticos más populares de Venezuela. Suponemos que el origen de ese mote cariñoso es el hecho de que no hay más remedio que navegar, por aire o por mar, para arribar a este acogedor paraíso.
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En realidad Isla Margarita está constituida por dos islas que se articulan por medio de la albufera de Arapano, conocida localmente como la Restinga, cerrada hacia el norte por una lengua de arena con menos de cincuenta metros de anchura y abierta al mar por el sur.

Armaçao dos Búzios, un rincón de Brasil donde el tiempo es todo tuyo

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso y Federico Ruiz de Andrés

Desde que en los años 60 Brigitte Bardot la descubriese para el mundo, el milagro de Búzios ha sido mantenerse fiel al charme de un pueblecito de pescadores, sin renunciar al lujo de sus pousadas, al infinito número de viajeros que han hecho de esta península de Brasil su hogar.
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En Armaçao dos Búzios, que es como se llama realmente este lugar de la costa brasileña, muy cerca de Rio de Janeiro, vivieron aislados del mundo durante unos días BB y su novio de entonces, Bob Zaguri. Probando cada una de sus playas, pescando, charlando con los niños… Aquí aprendió BB una preciosa canción, la única que grabó en portugués, ‘María Ninguém’, y cumplió su promesa de volver.

Navegando entre delfines y petroleros hacia el Parque Nacional de Mochima

Texto y fotos: Manolo Bustabad Rapa

Al norte de Venezuela, en el estado de Sucre, está Mochima, una pequeña aldea costera cuya ensenada, ‘uno de los mejores puertos naturales de la América del Sur’, da nombre a un espacio natural que comprende también los pequeños archipiélagos de las ‘Islas Borrachas’, ‘Islas Chimanas’ y ‘Las Caracas’. Mochima se extiende hacia el Oeste incluyendo Puerto La Cruz, ya en el estado de Anzoátegui, y su superficie, mayoritariamente marina, es de 950 kilómetros cuadrados.
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Esta impresionante muestra paisajística de la costa nororiental venezolana es declarada Parque Nacional en el año 1973, con las prioritarias razones de conservar unos ecosistemas amplios y variadísimos, no sólo marinos, como los arrecifes coralinos, praderas de fanerógamas y manglares, sino ambientes y comunidades halófilos, sabanas, humedales; además de proteger las islas, las formaciones marino costeras y los paisajes montañosos continentales.


Civilizaciones y aguas profundas en torno al Cabo de Peñas

Texto y fotos: Manolo Bustabad Rapa y Pilar Alonso Canto

¿Intuirían aquellos neandertales hace unos 100.000 años que a pocos kilómetros, menos de 20 de la costa de Asturias, tenían un valle submarino de casi cinco mil metros de profundidad? Ellos, que dejaron constancia de su existencia en forma de restos líticos en la ensenada de Bañugues, ¿serían testigos de las maniobras cinegéticas de los cachalotes en sus zambullidas tras el calamar gigante?

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Y aquellos avanzados tallistas de picos asturienses, típicos de la cultura epipaleolítica asturiana de hace 9.000 años, ¿habrán soñado con tallar el coral de aguas profundas que tenían tan cerca?


Ponteceso, los caminos del mar y los rostros de la Costa de la Muerte

Texto y fotos: Manolo Bustabad Rapa

En la ‘esquina’ de Europa, en el noroeste de la Península Ibérica (España y Portugal), se encuentra Galicia, en lo que durante siglos fue, para los habitantes de un lado del Atlántico, el ‘Fin de la tierra’. Una tierra colmada de pequeños asentamientos que en gran parte miran al mar, aferrándose a sus rocas pero siempre prestos a explorar los mares y nuevos continentes.
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Aunque, dicho así, pueda parecer una tierra recóndita, está conectada con el corazón del Viejo Continente a través de uno de los Caminos más emblemáticos y, en cierto modo, precursor de esta Unión llamada Europa, el Camino de Santiago, ruta de peregrinos que no siempre se conforman con detenerse en Santiago de Compostela, sino que con frecuencia llegan a Finisterre, en el extremo occidental de la Costa da Morte.
Es precisamente en esa cornisa, en plena Costa da Morte (Costa de la Muerte) donde se encuentra la pequeña Ponteceso, en la comarca de Bergantiños, en la provincia española de A Coruña.