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sábado 19|08|2017

Antequera, un alto sabroso en el nuevo camino de Paradores

Texto: Ana Bustabad; Fotos: Federico Ruiz y Costa del Sol/José Hidalgo

En el interior auténtico de Andalucía, el Parador de Antequera ha sido siempre una de las paradas más sabrosas de camino a la costa. Desde hace un par de años, además, es un alojamiento ecoenergético que atrapa el sol malagueño y lo convierte en motor de una cocina que mantiene y mejora los sabores de toda la vida.
Es este precisamente uno de los mejores ejemplos de las rehabilitaciones que Paradores está llevando a cabo en su red. El blanco limpio de sus exteriores, incluida la moderna celosía que enmascara las zonas menos nobles, se cuela hasta la cocina, conformando espacios tan luminosos como el restaurante La Vega, un espectáculo de lámparas cónicas que se pierde hasta el infinito o, más bien, hasta la interminable cristalera que circunda la sala.
La sobriedad cromática de la decoración, en blanco, tostados y parquet color chocolate, se rompe aquí y allá con puntos de color. Las flores fucsia y anaranjadas del restaurante, los butacones de diseño de la entrada, que aportan pasión y frescura al conjunto e integran sin esfuerzo el rojo de elementos más prosaicos como extintores y señalizadores de seguridad.
O el naranja de las lámparas de mimbre que te reciben a la puerta del Parador de Antequera, y salpican también la terraza blanca de la cafetería. Y la estrella indiscutible del hotel, un enorme flexo a juego que sirve de icono y referencia visual desde casi cualquier punto del edificio.
En las habitaciones se ha respetado la identidad de Paradores con el doble seno de los lavabos, la variedad de amenities de calidad distintiva de la cadena, y un espacio funcional y bien pensado que incluye puntos de conexión más que suficientes para todos los cacharros tecnológicos que acompañan al viajero, una mesa de trabajo extensa, y Red inalámbrica gratuita, como en el resto del establecimiento.
Tras el seto del jardín, donde crecen a medias naranjos y limoneros, palmeras, y un césped bien cuidado alrededor de la piscina, se esconde la vista de la Vega, que alcanza los mejores horizontes desde la muralla de la ciudad. Un poco más allá, el Paseo García del Olmo, una agradable zona ajardinada justo al lado de la plaza de toros, uno de los emblemas arquitectónicos de Antequera.
Por aquí pasa la Ruta de Washington Irving, una arteria vital de las rutas de El legado andalusí. El itinerario revive el camino que hizo en 1829 el romántico escritor norteamericano que le da nombre, fascinado por el exotismo y la exuberancia de los vestigios árabes de Andalucía.
Se trata de un camino histórico, revitalizado ahora para el turismo por la Junta de Andalucía, que en la Edad Media sirvió de importante vía comercial entre el reino nazarí de Granada y los dominios cristianos, y que incluye en su trayecto a las localidades de Antequera y Mollina.
      

Muy bonita la descripción que

Muy bonita la descripción que haces de este lugar .¡¡ Enhorabuena !!

Un saludo Ana

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