DE NEGOCIOS
 
sábado 18|11|2017

Tánger, una ciudad cosmopolita entre dos mares y dos continentes

Texto y fotos: Federico Ruiz de Andrés

Tánger no es solo uno de los destinos turísticos más atractivos del norte de África. Esta cosmopolita ciudad marroquí es el segundo centro industrial del país, con una pujante industria naval y textil, y se está convirtiendo en los últimos años en un importante polo de inversión extranjera gracias a su potente zona franca.
tanger
Este auge económico y el incremento de conexiones aéreas desde España, como la de Royal Air Maroc (RAM) que vuela desde la capital española, traen hasta Tánger a miles de viajeros de negocios, pero en esta ciudad siempre hay que reservar algo de tiempo para disfrutar.
Una ciudad costera con mucho carácter
Estratégicamente situada entre dos mares, el Atlántico y el Mediterráneo, Tánger fue declarada ciudad internacional desde 1923 a 1956. Lo que en ese momento histórico significaba exención de impuestos, libertad de comercio y el establecimiento de ciudadanos de todo el mundo en diferentes barrios de la ciudad, marcó para siempre su carácter como la ciudad más cosmopolita de Marruecos.
La avenida de España, que comienza frente a la antigua estación de tren, vertebra el largo y agradable paseo marítimo de Tánger. Encontramos primero el bullicio del puerto, al pie de la medina, y más adelante la playa, que aquí se puede disfrutar casi todo el año, porque el tiempo es templado.
Esta es también una zona de hoteles, bares, restaurantes… que continúa durante cuatro kilómetros hasta la nueva estación de tren. Desde aquí, adentrándose hacia el interior, se encuentran las huellas del barrio francés, el alemán, el belga, el holandés… Arquitectura internacional que conserva el encanto de otras épocas.
edificio
Una parada imprescindible es la ‘terraza de los perezosos’, un mirador sobre la ciudad a donde solían venir en su primera visita los recién llegados a Tánger. A pocos metros, el famoso Café de París, el primero construido en la parte moderna de la ciudad.
Los sabores auténticos de la medina
Como en todas las ciudades árabes, la parte antigua, la medina, es un magnífico escaparate de sabores, aromas y colores; la parte más viva y sorprendente; y adentrarse en ella es el mejor ejercicio para desconectar de obligaciones o prisas.
El Gran Zoco es la plaza circular que separa la parte nueva de la ciudad de la antigua medina. Aquí hizo Mohamed V, el abuelo del actual rey, un discurso en 1947 declarando la independencia marroquí de Francia, que le costó el exilio durante unos años en Madagascar.
Desde aquí, atravesando la puerta Bab Fash, el gremio de los fontaneros, albañiles, y el inevitable café que en cada entrada de la medina hace de punto de encuentro, descanso con un buen té a la menta, e incluso improvisada agencia inmobiliaria.
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Enseguida, a la derecha, un puesto de frutas con exuberantes dátiles y plátanos indica la entrada al zoco de los frutos secos. Y comienza la aventura. Como en todos los barrios tradicionales árabes, aquí es fácil ver los cinco elementos imprescindibles: el horno comunitario que cuece los deliciosos panes marroquíes, la fuente pública, la escuela coránica, la mezquita y el hammam.
Merece la pena perderse sin rumbo por estas callejuelas salpicadas de azulejos nazaríes, buganvillas y minaretes, de pequeñas tiendas sabrosas, y subir hasta la kasbah para ver el antiguo palacio del sultán, ahora museo;
En estas calles se puede sentir el espíritu del gran viajero tangerino del siglo XIV, Ibn Battuta. Aquí un pequeño morabito encalado de blanco y verde; frente a la espléndida mansión de Barbara Hutton; un poco más allá la ‘calle de la Marina’, en cuesta, que separaba los barrios musulmán, judío y católico; y el ‘Petit zoco’, con su café Central, un clásico que aún conserva los carteles en español.
Una escapada por la costa que mira a Europa
Si el viaje lo permite, hay que reservar unas horas para conocer algunos de los atractivos cercanos a la ciudad. Saliendo de Tánger hacia el oeste, por la costa, una zona de suntuosos palacios lleva hasta el Cabo Espartel.
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De camino encontramos pinos, alcornoques, mimosas, eucaliptos, y una enorme finca amurallada de blanco que esconde en su interior la residencia veraniega del rey, porque Tánger es la capital de verano de los monarcas alahuíes desde hace ya medio siglo.
Algunos chicos vendiendo piñones en las orillas de esta sinuosa carretera anuncian ya la cercanía del faro del cabo Espartel, el que marca el comienzo del Océano Atlántico. Una parada para contemplar este Estrecho que nos separa de Europa, y dos o tres regateos inevitables en los puestos de artesanía que venden collares, bolsos de cuero, telas y trajes típicos.
Continuando por esta carretera de la costa, en dirección oeste, se encuentran las mejores playas de Tánger y Le Mirage, un hotel de lujo donde se suelen alojar los jefes de Estado cuando visitan la ciudad.
Justo al lado, los caprichos de la naturaleza han formado la Gruta de Hércules. El mar entra con fuerza por una abertura cuya forma recuerda a un mapa de África invertido, y algunos muchachos se lanzan desde la roca, sin miedo, mientras el maravilloso contraluz se llena de espuma de olas.
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