AZUL MARINO
 
domingo 21|01|2018

Porto Santo, una isla para relajarse en medio del Atlántico

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PARA RELAJARSE
Sus dimensiones de 11 x 6 km, un total de 42 km2, hacen fácil el relax en esta isla que vive a un ritmo lánguido. A pesar de ello, cuenta con varios puntos elevados, miradores estratégicos a los que subir caminando para quedarse un buen rato mirando el océano, o disfrutando sus propios paisajes.
El Mirador das Flores es seguramente el más chulo. Asomado sobre Ponta Calheta, al suroeste de Porto Santo, resulta ideal para ver los viñedos junto a la playa. Justo debajo, al final de la playa, hay un chiringuito del que dicen que tiene las mejores puestas de sol del archipiélago, con vistas a Madeira.
En el otro extremo de la isla, el Mirador da Portela ofrece las vistas panorámicas de postal más conocidas de Porto Santo. Es esta una zona ventosa, que tradicionalmente se aprovechaba para colocar pequeños molinos de viento con ruedas, de los que sobreviven cuatro.
También ayuda al relax una visita a Camacha, única localidad del norte de la isla, justo en las faldas de los picos más altos de Porto Santo. O una subida al Pico do Castelo, en coche desde Camacha, o caminando por los senderos que suben a la cumbre, para admirar en soledad las magníficas vistas panorámicas sobre el sur y el este. Aquí no hay más compañía que los restos de un fuerte y los miles de pinos que reforestan la isla.
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Si el viajero prefiere relajarse en un entorno más urbano, la pequeña capital de Porto Santo, Cidade Vila Baleira, es un pueblecito encantador organizado en torno a la Praça do Pelourinho. Aquí se encuentran, la iglesia parroquial, de Nossa Senhora da Piedade, siglo XV, el antiguo Ayuntamiento, un bar y un par de restaurantes. Y caminar por estas calles es un placer, y sentarse en las terrazas, que el clima templado permite disfrutar durante todo el año.
Quienes busquen relajarse haciendo deporte lo tienen aquí muy fácil. El campo de golf de Porto Santo, diseñado por Severiano Ballesteros, se extiende de lado a lado de la isla, construido minimizando el impacto medioambiental. Cuenta con 18 hoyos y par 72 en sus 6434 metros y se estructura en dos zonas bien diferenciadas: el Campo Sur es de tradición americana, salpicado de lagos, para un juego largo y preciso; y el Campo Norte, donde jugar en la cima de los asombrosos acantilados.
También resulta muy agradable recorrer la isla a caballo. En Sítio da Ponta está el picadero de Porto Santo, donde se pueden alquilar caballos para las diferentes rutas y dificultades.
O jugar al tenis en el Campo de Baixo. Aquí se encuentra uno de los mejores clubes de Portugal, con equipamientos para la celebración de torneos de alta competición.
Por supuesto, es muy fácil también relajarse disfrutando de su inmensa playa, o practicando deportes acuáticos.
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