CALLEJEANDO
 
martes 23|01|2018

Una escapada a Marsella en cualquier momento del año

Situada al sureste de Francia, limitando con España e Italia y bañada por el mar Mediterráneo, se encuentra la región de Provence-Alpes-Côte d’Azur. Marsella, su capital, es la ciudad más antigua de Francia, segunda en importancia y población, con aproximadamente un millón de habitantes en su área metropolitana, y una media de 5 millones de visitantes al año.

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Quizás en su momento podía tener cierta fama de conflictiva pero, ya en los años 90 comenzó una profunda remodelación y, en la actualidad, ese pasado ha quedado atrás para convertirse en una ciudad vanguardista, bella e interesante, ideal para pasar unos días descubriendo todos los rincones que tiene que ofrecer.
Además, cuenta con un clima privilegiado lo que hace que se pueda visitar en cualquier época del año. Los veranos son bastante cálidos y secos y los inviernos suaves y húmedos. Primavera y otoño son ideales para turismo urbano, el verano es perfecto si se quiere disfrutar de sus playas y naturaleza y, según cuentan los marselleses, en Navidad se crea un ambiente muy especial por lo que resulta un buen destino si se quieren disfrutar las fiestas de una manera diferente.
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El Vieux-Port es el más antiguo e icónico de los 14 puertos con los que cuenta la ciudad, con más de 3.500 puntos de amarre. Es el centro neurálgico de Marsella, ideal para pasear y disfrutar de los numerosos locales de ocio y restaurantes que se encuentran en los alrededores.
Caminando desde el puerto hacia el este se llega al casco antiguo, conocido como Le Panier. La mejor forma de conocerlo es perderse por sus calles estrechas y sus animadas plazas para ir descubriendo su ambiente multicultural y variado, su mezcla de arquitectura moderna con construcciones más antiguas. En cada rincón se pueden apreciar muestras y expresiones de arte callejero, pequeñas galerías y centros culturales, típicos cafés y tiendas pequeñas y tradicionales, así como algunos de los locales más modernos o los más alternativos.
Tanto Le Panier como el cercano 7eme arrondissement (distrito 7) son las mejores zonas para disfrutar de la noche marsellesa así como de la gastronomía local, principalmente a base de productos del mar. El plato más típico es la bouillabaisse, o bullabesa,un guiso de pescado que, antiguamente, era una humilde receta de los pescadores, pero, en la actualidad, es reconocido como una delicatessen para el que se seleccionan los mejores pescados y mariscos.
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Un sitio ideal para degustar la cocina marsellesa es el restaurante La boite à sardine. Decorado con todo tipo de útiles y motivos marineros y ambientado como si se tratase de una antigua taberna de pescadores, ofrece una amplia carta de pescados, mariscos y otras recetas tradicionales, siempre con el mar como protagonista.
En el distrito 7 se encuentra también la panadería Four des Navettes, la más antigua de Marsella, donde se cocinan las navettes, dulces preparados de manera artesanal a base de harinas cuidadosamente seleccionadas y cocidas en un horno de leña desde 1781.
Situada a escasos metros está una de las principales tiendas del producto estrella de la ciudad, famoso en todo el mundo, el jabón de Marsella. Aquí se pueden adquirir jabones realizados con la receta tradicional, en pastillas o geles, así como otros que incluyen distintos perfumes o esencias, en diferentes colores y formas, y otros productos elaborados a partir de jabón.
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Casi enfrente de ambos locales se sitúa la iglesia más antigua de la ciudad, la Abbaye de Saint-Victor (Abadía de San Víctor), construida en el siglo V cerca de la tumba de uno de los mártires de Marsella, San Víctor, de quien toma su nombre.
Sin embargo, si hay una construcción religiosa imprescindible es la Basílica Notre-Dame de Garde (Nuestra Señora de la Guarda). Situada en la colina de la Garde, a unos 150m de altitud, se puede divisar desde casi todos los rincones de Marsella. En el siglo XVI se construyó como un fuerte para defensa de la ciudad, al que posteriormente se fueron añadiendo varias capillas, lo que le confería tres diferentes usos: fortaleza militar, puesto de vigilancia y lugar de peregrinaje. En el siglo XIX, al quedarse pequeña para la cantidad de peregrinos que acudían al santuario, se construyó la actual basílica que consta de dos edificios: la iglesia baja o cripta, y la iglesia alta o santuario, dedicado a la Virgen María. En su interior también se encuentra el Museo de Arte Sacro, inaugurado en 2013, que ofrece un recorrido por la historia de la basílica.
Marsella también cuenta con una catedral, la Cathédrale Sainte-Marie-Majeure (Catedral de Santa María la Mayor), también conocida como “La Mayor”. Está situada en una gran explanada entre el Vieux-Port y el nuevo puerto comercial. De estilo románico-bizantino, fue construida en la segunda mitad del siglo XIX y catalogado como Monumento histórico de Francia desde principios del siglo XX.
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