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miércoles 26|04|2017

Todos somos biodiversidad

Chisco, gato viajero

‘Turismo y diversidad biológica’.

Este es el tema del Día Mundial del Turismo, que se celebra hoy en todo el planeta, aunque el centro neurálgico de las actividades de celebración, a cargo de la Organización Mundial del Turismo, es la provincia china de Guangdong.

Un tema muy oportuno, si tenemos en cuenta que este año se celebra en todo el mundo como el Año Internacional de la Diversidad Biológica.
Tenemos claro lo que significa turismo pero ¿qué entendemos por ‘biodiversidad’?
Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española (RAE), la única acepción de biodiversidad es 1. f. Variedad de especies animales y vegetales en su medio ambiente.
Según la OMT, ‘la biodiversidad es un activo clave para el turismo y un elemento esencial de su crecimiento sostenible, ya que miles de empresas y productos turísticos de todo el mundo dependen de unos ecosistemas intactos que atraen a millones de turistas cada año, y por eso hay que protegerla’.
La pregunta es, pues, cómo el turismo puede contribuir positivamente a la conservación de esta biodiversidad y reducir al mínimo los impactos ambientales y sociales potencialmente negativos. La respuesta, el tan cacareado ‘turismo sostenible’.

Prohibido prohibir

Quique Ruiz, periodista

 

La afamada Trinidad Jiménez, otrora entusiasta defensora de las libertades públicas, y hoy apoltronada como ministra del ramo de la sanidad; ha emprendido dos campañas tendentes a, por un lado, aniquilar políticamente a su contrincante en la aspiración al número uno de su partido en la Comunidad de Madrid. Por otra, aspira a aniquilar socialmente a todos quienes aman las libertades y critican la fama que este gobierno de España se está ganando como ‘el gran liberticida’.
José María Rubio, presidente de la Federación Española de Hostelería, FEHR, va a poder finalmente comparecer en el Congreso de los Diputados para defender los intereses del sector ante la modificación de la vigente ley del tabaco que se está tramitando en la Comisión de Sanidad de esta Cámara .
Además de FEHR los grupos parlamentarios han acordado la comparecencia de otros cinco sectores afectado: La Confederación Española de Juego, los representantes de los sindicatos UGT y CC.OO, Economistas para la Salud y el Comité Nacional para la Prevención del Tabaquismo (CNPT).

El viaje de Lucas

Clyde, gato viajero

El viaje de Lucas comenzó una tarde de febrero. El sol de invierno se escapaba ya entre los olivos cuando subió en coche por primera vez. Nervioso, pequeño, pegado el afilado hocico al cristal, alerta sus desmañadas orejas de galgo.

La ilusión le duró poco. Tres o cuatro curvas. Lo siguiente que sintió fue el aire frío entrando por la ventanilla. Luego, unas manos que lo levantaban y lo lanzaban al asfalto en marcha.
El golpe contra el suelo no fue lo que más le dolió. Al fin y al cabo, sus huesos de bebé eran flexibles. Lo peor fue la tristeza de saberse de pronto solo, en el arcén, sin más compañía que algunas pulgas que nadie se había molestado en ahuyentar nunca.
De pronto, unas luces potentes. El chirrido de unos frenos. Una puerta que se abre. Y un ángel bueno que cambió el frío de aquella cuneta por un abrazo caliente. Acababa de comenzar el mejor viaje de su vida.


¿Por dónde llega mi maleta?

Federico Ruiz de Andrés, periodista

Terminal 1 del aeropuerto de Madrid-Barajas. Sala de recogida de equipajes. Ocho y pico de la tarde de un domingo de julio. ¿Temporada alta? No lo parece, la sala está desierta cuando llegamos.

De pronto, de un vuelo de easyjet procedente de Edimburgo desembarcan varias decenas de viajeros, tal vez un par de cientos, y comienzan a distribuirse por la sala vacía en busca de sus maletas. Todos han pagado por el transporte de su maleta.

Una pantalla, la segunda, anuncia la llegada del equipaje procedente de Edimburgo por la cinta número 2. Se abre una puerta, y varias decenas más de viajeros entran en la sala. Otro vuelo, y otro más, hasta cuatro se reúnen en un momentito.

Un viaje insensato

Ana Bustabad, periodista

Ya me lo decía mi madre: ‘No me parece sensato que hagas un viaje de nueve horas sólo para descansar. Sol y playa hay en todas partes’.

¿Nueve horas? Eso, sin contar las otras siete que he invertido en trenes de alta velocidad, metros y autocares para llegar hasta aquí. Y todo ha merecido la pena.
Pero, claro, mi madre nunca ha estado en el Caribe. Es decir, nunca ha dedicado una semana a gandulear en uno de estos maravillosos resorts de playa con todo incluido. Sus vacaciones siempre son exóticas, irreprochablemente culturales. ‘Con todo lo que hay que ver’.
Que no digo que no. Pero cuando se lleva todo el año esperando por una semana de calorcito, piña colada y tumbona hay que intentar darle gusto al cuerpo. Y el mío pide Caribe. Arena que parece azúcar, olas de agua templada color larimar, noches sin chaqueta.
Lo mismo han debido de pensar la mitad de los recién casados españoles, a juzgar por la pinta de mis compañeros de vuelo. Recién pelados ellos; sus jovencísimas mujeres: tipo estupendo, moreno de solárium, manicura y pedicura francesa y cabello largo. Maletas a juego, insultantemente nuevas. Tanto, que tengo que empujar a la mía porque le da vergüenza dejarse caer en la cinta de facturación del aeropuerto.