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domingo 21|01|2018

Las libertades son para los otros

Ana Bustabad Alonso, periodista

Los europeos nos despertábamos el Martes Santo con una noticia triste, desgarradora y hostil a más no poder, una serie de atentados yihadistas en Bruselas. Los viajeros europeos, además, doblemente golpeados: las bombas colocadas en el epicentro institucional de la Unión Europea lo eran, una vez más, en centros de transporte de viajeros.

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Y, tras las condolencias a víctimas y familiares y algunas ideas extremistas en varios sentidos, se inicia, como cada vez, el eterno debate público entre seguridad y libertad.
Decía a las pocas horas un experto de seguridad contertulio en uno de tantos programas especiales de televisión que ‘hay que modular las medidas que se tomen en proporción a la eficacia y a la libertad’.
La libertad se recorta para todos los ciudadanos inmediatamente después de cada atentado, autorizando actuaciones policiales extraordinarias sin autorización judicial. Pero, claro, un estado de excepción no puede mantenerse indefinidamente.
Sin embargo, por lo visto sí pueden adoptarse medidas (¿de seguridad?) cada vez más farragosas y permanentes que afectan siempre a los mismos, a los mismos viajeros que una y otra vez las sufrimos en cada viaje.
Y desde luego no parece serio que nos bombardeen a controles infinitos y humillantes cada vez que tomamos un avión -o un tren, ya-, mientras se da la contradicción de que, por ejemplo, aún no esté compartido un registro de nombres de pasajeros (PNR) sospechosos de la Unión Europea en fronteras.
Mientras que ‘los malos’ entran y salen a sus anchas, los humildes viajeros nos vemos sometidos cada vez a más molestias. A mí, personalmente, se me quitan a menudo las ganas de viajar por no soportar tantos controles que veo claramente inútiles si no se toman paralelamente medidas más eficaces con quienes nos están cambiando la vida.
Así será hasta que se dejen de correcciones políticas y mamandurrias, de perder su tiempo y, sobre todo el nuestro, en reuniones de paripé, y tomen de una vez medidas realmente lógicas y efectivas.
Y, por lo visto, esto va para largo, porque quienes nos gobiernan tienen la seguridad casi garantizada, y desde luego están exentos de todas las incomodidades que nos amargan a los viajeros de a pie.
Yo, desde luego, estoy hasta la peineta. ¿Y ustedes?
      

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