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Europa

Atravesando sin prisas el Guadiana

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Texto: Ana Bustabad Alonso. Fotografías: Federico Ruiz de Andrés.

Un ferry cruza cada 30 minutos la desembocadura del Guadiana desde el sur de España hacia Portugal. De Ayamonte a Vila Real de Santo Antonio. En pocos minutos y por pocos euros, un coche con su conductor atraviesa limpiamente la enorme inmensidad de agua hasta la otra orilla. Hoy el barco sólo lleva un pequeño Peugeot 206 de rojo brillante, que parece mirar orgulloso desde cubierta a unos pocos pasajeros.

Ayamonte desde el puerto de Vila Real

Pero no siempre ha sido así. Lo que actualmente supone una alternativa romántica al puente de la autovía que se levanta al fondo era, hasta 1991, la única opción de los andaluces para cruzar al país vecino.

Plácido Gómez Romero, un hombre amable y curtido por el sol inevitable de estas tierras, recuerda con añoranza la historia de esta línea en la que lleva invertidos 29 años de su vida.

‘Hace 50 años sólo había barquitos pequeños de algunos propietarios para cruzar el río y, como esto causaba disputas, decidieron organizarse en una cooperativa. Comenzaron con tres o cuatro barcos no muy grandes, y poco a poco fueron comprando otros mejores. Se convirtió en un muy buen negocio. Cada día pasaban miles de viajeros y vehículos'.

En ruta por los pueblos más seductores de Midi-Pyrénées

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Texto: Manuel Bustabad Alonso. Fotografías: Pilar Alonso Canto.

Midi-Pyrénées -su nombre compuesto- nos anticipa la variedad del territorio, en historia, en cultura, y en las huellas que sus habitantes y peregrinos han ido dejando en esta región francesa. Tienen en común sus ocho Departamentos el recuerdo cátaro y sus leyendas y su herencia occitana pero, sobre todo, sus profundos valles y los ríos que caminan por ellos, verdadero elemento vertebrador del paisaje.

Rocamadour - vista desde L'Hospitalet

De extensión superior a Suiza o Dinamarca, esta región se unió definitivamente a la antigua corona de Francia en el siglo XIII, el pontificado y los barones franceses terminaron con la herejía cátara y comenzaron su leyenda. Encorsetada por las cuencas mediterránea y atlántica, y viviendo de espaldas a ellas quizá más que a la vecina España, separada y unida por los Pirineos, nexo y barrera al mismo tiempo.

Tierra salpicada de ciudades fortificadas -las famosas bastidas, unas 500 en esta región- desde la guerra de los Cien Años, que entre los siglos XIV y XV enfrentó a Francia e Inglaterra; su paisaje, sus rincones y su gastronomía lastran nuestro viaje y nos obligan a concentrar una visita de tres días en apenas dos o tres departamentos.

Póvoa de Varzim, un secreto al norte de Portugal

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Texto: Federico Ruiz de Andrés. Fotografías: Ana Bustabad Alonso

Irma Campos llegó a la ciudad hace ahora cuarenta años. Desde entonces, la urbe ha crecido y ha sabido desprenderse, no sin lamentos, de una cierta vertiente pesquera. Multitud de ‘lanchas poveiras' podían verse faenar hasta hace poco en las cercanías del puerto. En la actualidad, Póvoa de Varzim es una ciudad sorprendente, y no sólo por lo que es capaz de ofrecer al visitante, sino porque no es lo suficientemente conocida como destino internacional.

Playa de Póvoa al norte de la ciudad

Aunque el mar siga siendo un foco de atracción importante, se ha pasado de que éste sea el medio de vida de gran parte de su población a que Póvoa viva, en buena medida, también de mar, pero más en concreto de sus doradas playas. Y es que el turismo llegó. Un turismo fundamentalmente portugués, pero al que con el paso del tiempo se han ido incorporando muchas otras nacionalidades.

Cerraron varias conserveras ubicadas, sobre todo, en el tramo que une a Póvoa con la limítrofe Vila do Conde, pero abrieron iniciativas hosteleras diversas y la playa; cuando el tiempo lo permite, rebosa de gente y vida.


El Atlántico, llave en mano

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Novotel Porto Vermar

Texto: Federico Ruiz de Andrés. Fotografías: Ana Bustabad Alonso

Camino de Aguçadoura, en la zona más moderna de la localidad portuguesa de Póvoa de Varzim, el Novotel Porto Vermar ofrece una imagen ambigua que realmente desconcierta en su clasificación: ¿nos encontramos ante un hotel urbano o de playa?

Un amplio aparcamiento gratuito exterior, exclusivo para huéspedes, conduce hacia el acceso a este cuatro estrellas.

Entrada al restaurante

Su vestíbulo es amplio y bien decorado; el personal encargado del check-in se deshace en amabilidades. Fernando es ejemplo de ello. Una gran disponibilidad y apoyo al recién llegado con la inestimable ayuda de la documentación que se le ofrece: mapas y planos de Póvoa y Oporto.

En este espacio, una pequeña tienda de recuerdos, prensa y tabaco. Aunque, desde el 1 de enero de 2008, no se puede fumar en ningún espacio del hotel, salvo en las habitaciones.

Elipsos: viajar de noche en un tren cinco estrellas

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Texto y fotografías: Pilar Alonso Canto

Falta poco para que amanezca. Mientras algunos viajeros bajan silenciosos del tren, el aroma de las bandejas de croissants calientes se abre camino hacia los vagones blancos y morados del Elipsos. Son las seis menos cinco de la mañana en la estación francesa de Poitiers.

En pocos minutos, el trenhotel continúa su camino hacia la eterna París. Pocos kilómetros antes se detendrá aún en Blois y Orléans, a orillas del río Loira. Un Valle, el del Loira, que invita al viajero a perderse entre castillos de cuento y paisajes Patrimonio de la Humanidad.

Castillo de Villandry, en el Valle del Loira 

Sólo algunos permanecen despiertos en sus cabinas. El resto descansa aún, despreocupado. Una llamada de teléfono despierta a cada viajero justo a tiempo para la ducha matutina, ese lujo privado del que gozan en todos los compartimentos de gran clase.

París: deja que se derrita en tu boca

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Texto y fotografías: Ana Bustabad Alonso 

Uno de los recorridos más deliciosos de París comienza en una plaza pequeña, íntima, en pleno barrio de Saint Germain des Prés. Cuatro paulownias rodean la farola de cinco globos, convertida ya en una de las postales típicas de la ciudad. Enfrente mismo, el museo Delacroix, donde estuvo el último estudio del pintor.

Pisadas de tobillos finos levantan eco en los adoquines. En la mano, bolsitas de papel caro con letras troqueladas. El glamour le viene de lejos a la plaza Fustenberg. Muy cerca de aquí, calle abajo, estuvo el primer salón de té de la ciudad, ideado para evitar a las damas sentirse incómodas en los cafés.

Hoy continúa siendo, sin duda, uno de los rincones más elegantes de París. Las casas conservan portones enormes, por donde es fácil imaginar a los señores entrando en carruajes. Algunas viviendas sobrevivieron milagrosamente a la profunda transformación llevada a cabo por el barón Haussmann en el diecinueve.

Macarons de LaduréeLadurée es la primera delicia del camino, abierta en 1862. Tienda y salón de té, el verde desvaído de su placa señala el lugar exacto donde los macarons parisinos se convierten en auténtico pecado. Galletitas etéreas que se deshacen al contacto con la lengua; rellenas de delicadas cremas, de perfumes imposibles.


La Costa Azul más portuguesa

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Texto y fotografías: Ana Bustabad Alonso 

"Llegar a la Costa Azul portuguesa es llegar a una región de colores, sabores, luz, paisajes y emociones difíciles de describir o de explicar". Así la definen los que la aman, y así la comprueban los que la visitan.

Vista de la Costa Azul

Apenas media hora por autopista sobre el estuario del Tajo separa el aeropuerto de Lisboa de Setúbal, capital de la Costa Azul portuguesa. Atravesando los catorce kilómetros del imponente Vasco de Gama, con sus farolas inclinadas para no perturbar a los peces; entre flamencos y salinas, llegamos a Setúbal.

En el mismo centro se encuentra la Oficina de Turismo de la Región (Travessa de Erei Gaspar, 10), sobre una antigua fábrica de salazón donde los romanos preparaban hace dos mil años el cotizado garum que transportaban en ánforas hasta las más lujosas mansiones de la capital del Imperio. La rehabilitación del edificio, con suelos transparentes, permite adivinar su origen.

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