SABORES
 
lunes 24|07|2017

Descubre la medina de Tánger con los cinco sentidos

Texto y fotos: Federico Ruiz de Andrés y Ana Bustabad Alonso

Tánger es una de las ciudades más interesantes de todo Marruecos. Asomada al Mediterráneo y al Atlántico, conserva mucho del encanto de su época dorada, a principios del siglo XX, cuando escritores, músicos y pintores hicieron de ella su paraíso.
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Pero su parte más auténtica, penetrante, la que embriaga al viajero y lo hace olvidarse del mundo, es sin duda su ciudad vieja, la medina. Callejas enrevesadas, misteriosas, repletas de estímulos que despiertan los sentidos. A través de ellos, de los cinco, te invitamos a descubrirla.
 
PARA OLER
No hay medina completa sin fuente, mezquita, hammam ni horno de pan. Aunque muchas mujeres siguen elaborándolo en casa, las que trabajan fuera compran hogazas recién hechas en uno de estos hornos artesanales, cuyo aroma a pan caliente inunda las callejuelas.
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Sin embargo, el más intenso de los olores de la ciudad vieja es el del cuero, que se sigue curtiendo y tiñendo como hace siglos, y cuyas piezas encontrarás en muchas tiendecitas del zoco. No te olvides de regatear con buen humor, es toda una costumbre, casi un juego, que a veces se acompaña de un buen té.
Si es tu primera vez en Marruecos –o incluso aunque no lo sea- te encantará visitar una ‘farmacia tradicional’. Es una de las experiencias clásicas para turistas, pero merece la pena descubrir la increíble variedad de aromas de sus hierbas medicinales, cosméticos naturales, especias…
Dos compras interesantes son el aceite de argán –el ‘árbol de las cabras’-, excelente hidratante corporal; y el sándalo, una de las fragancias más delicadas que las mujeres utilizan para perfumarse. Si eres cocinillas, te encantará el olor de la garamasala, una mezcla de casi cuarenta especias que se usa en la cocina marroquí como condimento.
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PARA TOCAR
Nada más cruzar la puerta de Bab Kasba, una de las tres que tiene la fortaleza de la kasbah, en la parte alta de la medina, descubrirás uno de los rincones más coquetos de Tánger. Siente en la piel la sombra fresca del ficus centenario que preside la plaza du Tabor. Aprovecha para tomar un café aquí mismo, en la terraza del Morocco Club.
Prueba a relajarte en un hammam marroquí, como hacen una vez a la semana, antes del viernes sagrado, las mujeres musulmanas. Sus baños de vapor, masajes y aceites te dejarán la piel suave y el espíritu completamente relajado.
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