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martes 28|03|2017

Parador de Tui, asomado al río Miño y a Portugal

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso y Federico Ruiz de Andrés

Desde el jardín del Parador de Tui se ve en lo alto la catedral de Santa María, centro neurálgico de esta ciudad episcopal de la provincia de Pontevedra. Y el río Miño, ya próximo a verter sus aguas en el Atlántico. Al otro lado, Portugal.

tui_rioAquí llegan, tras miles de kilómetros y varios años de travesía desde el mar de los Sargazos, las diminutas angulas, crías de anguila. Su pesca está por ello muy restringida y son caras, pero se pueden degustar a buen precio durante la Festa do Meixón, Fiesta de la Angula, que abre la temporada por San Telmo.

El jefe de cocina del Parador, Miguel Rodríguez Pereira, ha recuperado esta tradición centenaria en el Enxebre, su espacio gastronómico, que ofrece platos gallegos y sorprendentes tapas de diseño.

Tras contentar al paladar, una visita a Tui, que hasta 1833 fue una de las siete capitales del Reino de Galicia, pero mucho antes albergó la corte de otros reyes, como el suevo Rekiamundo o el príncipe visigodo Witiza.

enxebre

Justo enfrente, solo un puente las separa, la portuguesa Valença do Minho. La zona nueva no tiene mayor interés, pero sí su Fortaleza, precioso pueblecito amurallado repleto de tiendas que los fines de semana se llena de turistas gallegos.

El Parador de Tui es un buen punto de partida para callejear por su histórico casco viejo, descubrir la comarca del Baixo Miño, o peregrinar a Compostela siguiendo el Camino Portugués o la Ruta Xacobea en barco.

Granito y madera de castaño son los elementos básicos de su estampa de pazo gallego, torre incluida, donde está la mejor habitación, la 203, asomada al Miño y a Portugal. A su claustro de césped y magnolias miran otras, más sencillas pero impecables, entre las que hay algunas de fumadores, para que todos los viajeros se sientan a gusto.

claustro

Otra escapada imprescindible desde Tui consiste en seguir el curso del Miño río abajo, hasta la desembocadura de playas magníficas; y detenerse en la villa marinera de A Guarda, con su arquitectura de indianos y sus casitas de colores frente al puerto.

Subir a Santa Tecla, monte mítico de los celtas, donde se conserva un poblado castreño. Y cruzar en ferry al otro lado, a Caminha, para comer en el restaurante del puerto, o simplemente tomar un café portugués del bueno.

Y solo unos kilómetros más al sur, en Moledo, disfrutar una de las mejores carnes de toda la Península Ibérica, un secreto que nos comprometimos a no desvelar en Expreso. Aunque no pudimos evitar que lo descubriesen nuestros lectores…

río

 

      

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