CALLEJEANDO
 
viernes 24|02|2017

Futuroscope, la ciudad del futuro

Texto: Federico Ruiz de Andrés. Fotografías: Ana Bustabad Alonso

Más de veinte años después de que René Monory materializara en un parque temático los interrogantes del tercer milenio, sorprende descubrir que un paseo por el futuro puede transcurrir callejeando entre árboles de hojas cálidas y música suave.

Paseo entre árboles

Para la región francesa de la Vienne, el futuro llegó en 1987 con Futuroscope, que suponía sólo la punta de lanza de un ambicioso proyecto de organización de este territorio eminentemente agrícola hasta entonces.

Su centro tecnológico, la Technopole, ocupa actualmente 200 hectáreas en las que agrupa a más de 160 empresas, 15 laboratorios de investigación, módulos de formación y un centro internacional de congresos, además de una completa oferta hotelera y de ocio.


Póvoa de Varzim, un secreto al norte de Portugal

Texto: Federico Ruiz de Andrés. Fotografías: Ana Bustabad Alonso

Irma Campos llegó a la ciudad hace ahora cuarenta años. Desde entonces, la urbe ha crecido y ha sabido desprenderse, no sin lamentos, de una cierta vertiente pesquera. Multitud de ‘lanchas poveiras' podían verse faenar hasta hace poco en las cercanías del puerto. En la actualidad, Póvoa de Varzim es una ciudad sorprendente, y no sólo por lo que es capaz de ofrecer al visitante, sino porque no es lo suficientemente conocida como destino internacional.

Playa de Póvoa al norte de la ciudad

Aunque el mar siga siendo un foco de atracción importante, se ha pasado de que éste sea el medio de vida de gran parte de su población a que Póvoa viva, en buena medida, también de mar, pero más en concreto de sus doradas playas. Y es que el turismo llegó. Un turismo fundamentalmente portugués, pero al que con el paso del tiempo se han ido incorporando muchas otras nacionalidades.

Cerraron varias conserveras ubicadas, sobre todo, en el tramo que une a Póvoa con la limítrofe Vila do Conde, pero abrieron iniciativas hosteleras diversas y la playa; cuando el tiempo lo permite, rebosa de gente y vida.


Marrakech no es roja

Texto: Ana Bustabad Alonso. Fotografía: Federico Ruiz de Andrés

De Marrakech se ha escrito ya todo. Pero ni todas las guías del mundo, ni los relatos de los incontables viajeros a los que ha enamorado, pueden hacer justicia a la vida en directo. Si nunca se ha visitado, lo mejor es prescindir de lectura alguna -incluida ésta- y buscar el primer vuelo que lleve a vivirla, sin intermediarios, sin estereotipos. En cambio, si la añoranza de su magia nos persigue, cualquier línea sirve para paladear de nuevo el sabor especiado de la hermosa ciudad imperial.

Vista desde la muralla

La llaman la ‘ciudad roja', pero en realidad es de un color asalmonado, más bien tirando a rosa. Toda ella, como la arcilla del paisaje que la rodea. A punto de aterrizar, el suelo desértico aparece sembrado de casitas sencillas. Cubierta aterrazada, planta cuadrangular con patio interior en el que siempre asoma el verde de un naranjo... Perfecta geometría de pequeños cultivos y aldeas rodean a la gran ciudad. De pronto, Marrakech aparece en el horizonte, inmensa.



Todos los colores de Malaca

Texto: Ana Bustabad Alonso. Fotografías: Federico Ruiz de Andrés

Como casi todas las ciudades coloniales, Malaca ha adquirido con el paso de siglos y culturas diferentes una refrescante armonía en lo diverso. Pero, a diferencia de cualquier otra, esta sorprendente ciudad de la costa oeste de Malasia no ha perdido ni uno solo de los colores de su historia.

Dos propietarios de trishaws conversando

Si bien es verdad que el período de colonización portugués no fue demasiado largo -apenas siglo y medio desde 1511 hasta que les fue arrebatada por los holandeses- y los restos arquitectónicos de la época muy escasos, el país luso dejó una gran huella en Malaca.


Elche, sorprendentemente jugosa

Texto: Ana Bustabad Alonso. Fotografías: Federico Ruiz de Andrés

En la provincia de Alicante, en plena aridez del Levante español, Elche -Elx en su dulce nombre valenciano- se abre jugosa al viajero, como un dátil maduro en medio del desierto. Como el de los dátiles, el sabor de Elche sorprende al principio, explota los sentidos y permanece luego en el paladar y en la memoria.

Dama de Elche

El inmenso palmeral que rodea su centro histórico y la devoción que profesa por el Misteri de su Virgen de la Asunción son ya de toda la Humanidad, porque así lo decretó la UNESCO en 2000. Pero, seguramente, para los ilicitanos no hay Patrimonio más grande que la mirada de su Dama. La que pasea el nombre de su ciudad por el mundo.