A BORDO
 
jueves 25|05|2017

Tres días con el mejor amante del Gran Mekong

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso
Hace más de tres horas que la oscuridad es completa, y aún así el río continúa completamente vivo, como si nunca fuese de noche en el mítico Mekong. Estamos al sur de Vietnam, en uno de los nueve brazos de su desembocadura, a bordo de L’Amant, un barco bautizado como la novela de Marguerite Duras. Muy cerca de donde vivió la escritora, en la Indochina francesa de mediados del siglo XX.
 
El amante. Qué nombre tan sugerente… Son las nueve de la noche y además del murmullo traqueteante del motor se escucha el sonido rítmico de las cigarras, que cantan desde la orilla. La oscuridad se rompe a ratos con luces pequeñas: rojas, azules… Algún foco más potente ilumina de cuando en cuando L’Amant.

Yo tenía miedo a volar

Texto y fotos: Manuel Bustabad Alonso y Pilar Alonso Canto

Yo tenía miedo a volar. La verdad, no es tan raro. Para una de cada cuatro personas que se suben a un avión la experiencia es al menos desagradable, si no traumática.
A estas alturas todos tenemos claro que no es algo racional. Casi todos sabemos que el avión es el medio de transporte más seguro.
Los fríos números dicen que es mucho más peligroso desplazarse en coche durante cualquier fin de semana que coger un avión a cualquier lugar del mundo. Pero los números no nos quitan el miedo a muchos de nosotros.
Hay varias soluciones. Una es no subir a un avión. Reduce tu radio de acción, limita los sitios que puedes visitar, y aumenta los tiempos de desplazamiento a los que siguen dentro de tu alcance, por no hablar de los riesgos del medio alternativo. Pero estaremos evitando el problema, al menos.
Pero, ¿y si no puedes evitarlo? Tu trabajo te obliga a viajar, y para ser productivo necesitas hacerlo en avión. O mejor, ¿y si no quieres evitarlo? Te niegas a dejar que un miedo irracional controle tu vida, tu libertad de movimientos.

Un recorrido en sidecar por los rincones de la vieja Lisboa

Texto: Federico Ruiz de Andrés; Fotos: Ana Bustabad Alonso

¿Creías que lo habías probado todo? Olvídate de largas caminatas cuesta arriba, de interminables atascos de tráfico, y acompáñanos en este recorrido tan especial. Te llevamos, en sidecar, por los rincones de la vieja Lisboa.
Desde el sidecar Lisboa se ve distinta
La idea surge en uno de los mejores hoteles de la capital portuguesa, el Tivoli LisboaAsomados a la terraza del último piso, las vistas de la ciudad son impresionantes, pero sus siete colinas -eso dice la leyenda, parecen muchas más- se nos antojan demasiadas para un fin de semana.


Niágara, un viaje a las entrañas de las cataratas más famosas del mundo

Texto y fotos: Ana García Iglesias

En barco,  desde el teleférico, en helicóptero, o simplemente caminando, cualquier perspectiva resulta fascinante cuando te acercas a las Cataratas del Niágara, uno de los espectáculos naturales más famosos e impresionantes del mundo. Están situadas en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, concretamente entre los estados de Nueva York y Ontario.
Se pueden visitar desde ambos países, aunque las cataratas canadienses, conocidas como Horseshoe Falls por su forma de herradura, son considerablemente más grandes. Además, desde Canadá se tiene una vista perfecta de las American Falls (cataratas estadounidenses), lo que no ocurre en el caso contrario.

Recorre el lago más grande de Europa al timón de tu propio barco

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso

Cuando mi buen amigo y colega Faustino Castilla me propuso un viaje en barco por el Grande Lago de Alqueva, en el Alentejo portugués, dudé un momento si aceptar. No por la compañía, excelente de todo punto; ni por la región, una de las más atractivas y desconocidas de Portugal; sino porque me mareo a bordo de cualquier artilugio que navegue sobre el agua.
La duda duró sólo unos segundos. Al fin y al cabo, los atractivos que me esperaban eran muchos, y un crucero por un lago no puede balancearse tanto, pensé. Así que, cargada de pastillas para el mareo, y otros remedios caseros de dudosa eficacia (sin faltar la tirita en el ombligo), emprendí viaje en coche hacia Amieira Marina, un nuevo complejo de recreo a orillas del lago artificial más grande de Europa.
todo a punto en el embarcadero de Amieira Marina
Al llegar, la sorpresa fue mayúscula. No se trataba de un crucero al uso, con su patrón profesional y todo, sino de un recorrido de tres días a bordo de un barco-casa tripulado por nosotros mismos entre los ríos Guadiana y Degebe.
No me lo podía creer. Mis conocimientos marineros se reducen a distinguir babor de estribor, y los de mis compañeros no parecían ser mucho más extensos. Pero sí, tal y como prometían los folletos publicitarios de Amieira Marina, en sólo 40 minutos -aún nos sobraron un par de ellos- estábamos listos para emprender la aventura por el Grande Lago a bordo de una lustrosa embarcación blanca, de nombre ‘Estrela I’.